Europa y el dilema del trasplante

La grave escasez de donantes de órganos para un trasplante sigue siendo uno de los principales desafíos que enfrentan los sistemas de salud de los países de la Unión Europea (UE).

Más de 60.000 europeos que requieren un trasplante están en listas de espera, y muchos de ellos morirán antes de recibirlo, de acuerdo con un reporte del Parlamento Europeo.

El índice de mortalidad de los pacientes enlistados para un corazón, un riñón o un pulmón, varía entre el 15 y el 30%, lo que significa que cada día mueren unas 10 personas a la espera de un trasplante.

“A pesar de contar con los expertos y disponer del conocimiento científico para realizar trasplantes cada vez más exitosos, mucha gente sigue muriendo por falta de donantes”, dice el profesor Rutger Ploeg, Secretario General de la Sociedad Europea para el Trasplante de Órganos.

“La única forma de enfrentar este problema es cambiando la actitud de la gente a una más positiva en cuanto a la donación de un órgano en muerte o en vida, porque debemos entender que es el mayor acto de solidaridad que una persona puede hacer”, afirma el especialista.

Con 35 donantes por cada millón de personas España encabeza las donaciones de órganos en Europa, mientras que Grecia y Rumania se encuentran al final de la tabla con seis y 0.5 respectivamente.

Una ruleta

A pesar de padecer lupus, una enfermedad que la inhabilita para trabajar al ocasionar problemas articulares, cutáneos y en órganos internos como el riñón, Marianne Quaack dice ser una persona afortunada.

Tras cuatro años de espera, la holandesa de 49 años de edad obtuvo un nuevo riñón que le permitirá mejorar sus condiciones de vida.

Menos suerte ha tenido Riet Van Leeuven, de 70 años, y quien ha perdido sus dos riñones sin posibilidades de recuperarlos por ninguna vía oficial.

“En el hospital me dijeron que por la edad ya no soy candidata, así que estoy condenada a tratamientos el resto de mi vida”, dice la holandesa.

Pero la situación es mucho más compleja que un hipotético empate entre donantes y demanda, pues los trasplantes implican además serios desafíos logísticos, de acuerdo con la Fundación Eurotransplant.

Por ejemplo, el corazón tiene un periodo máximo de conservación de cuatro horas, mientras que el pulmón y el hígado de seis y 24 horas.

A la limitante del tiempo, se añade el problema de la compatibilidad. Se estima que uno de cada cinco pacientes muere porque nunca llega a obtener un corazón apropiado.

Alternativas

En la Unión Europea el tema de la escasez de órganos toma fuerza y son varias las fórmulas bajo evaluación.

El Parlamento Europeo propone crear la “tarjeta europea del donante” para facilitar el rastreo de órganos después del fallecimiento y el intercambio entre los 27 socios de la UE.

A nivel nacional, Holanda es uno de los países europeos que explora entre las opciones más controvertidas.

El Consejo de Salud Pública recomienda al gobierno holandés otorgar seguro médico gratuito a todas las personas que donen en vida un riñón.

“Debes tener libertad de elección en asuntos de vida y muerte. Es equivocado cambiar una posición moral por una cuestión financiera”, declaró la legisladora socialdemócrata Mariëtte Hamer, tras conocer la iniciativa.

El profesor Ploeg niega que en una sociedad próspera como la holandesa la gente se interese por dar un riñón a cambio de ahorrarse los 1.100 euros de la póliza médica anual.

“Más bien sería un gesto simbólico para quienes piensan en ayudar a los demás”, asegura Ploeg.

Lado oscuro

La demanda de órganos humanos ha detonado simultáneamente un problema global, el tráfico de órganos, el mercantilismo y el turismo del trasplante.

Aunque está prohibida la compra y venta de órganos, India, Brasil, Moldavia y Ucrania, son destinos conocidos en el mundo del “turismo del trasplante”, según informes de la Organización Mundial de la Salud y el Consejo de Europa.

Frecuentemente los donantes provienen de los sectores sociales más bajos y se juegan la vida en quirófanos clandestinos.

Algunos de ellos reciben alrededor de US$3.000 por un riñón, mientras que los grupos delictivos los venden hasta por US$200.000 a pacientes adinerados, quienes aparentemente logran liberarse de su dolor a cambio del sufrimiento de otra persona.

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